MAGOS DE AMERICA

 
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MAGOS DE AMERICA
 
 
Entrevistas de Waldemar Verdugo Fuentes. Publicadas en Papel en revista VOGUE.
Entrevista a los escritores
María Luisa Bombal,
Juan Rulfo, Gabriel García Márquez
y a la legendaria María Sabina.
Todos magos mayores de América.
PRÓLOGO
La gente mágica es guiada por lo que siente, y no por lo que ve. Sabemos que el hombre suele a veces ser más grande y más profundo que el hombre mismo. Y la extrema sencillez de las seis personas que este libro trata difícilmente estorba el sentimiento de tan cálida humanidad. Porque lo característico entre Gabriel García Márquez, María Luisa Bombal, Juan Rulfo y María Sabina, es la humildad: en ellos todo está señalado nada más por la fe en la fuerza del hombre, en su destino; en que el móvil que anima a esa fe y la pone en movimiento con la fuerza de un determinismo inexcusable, es su convencimiento de que la personalidad del hombre no puede ni quiere ni debe desaparecer. Esa es su humildad: el convencimiento de que son nada más que hombres y mujeres dedicados a su trabajo, que no esperan nada ni del cielo ni de la tierra, nada que no sea lo que les proporciona su propio quehacer.

He publicado cada uno de estos textos durante los ochentas, aquí los entrego unificados, aunque se publicaran con años de diferencia. Al principio asumiendo por contrato la fórmula impuesta que incluso anula las preguntas del entrevistador, en búsqueda de una mayor proyección del personaje: cuando me dedicaba simplemente a trabajar, y luego después de conversar con Juan Rulfo, cuando me sentí culpable de incentivar una sociedad de alejamiento, fue cuando me atreví a opinar, por decirlo así. Ahora creo que ambos estilos de las letras son excelentes ejercicios siempre que se pueda salir luego. Después, digamos, es bueno intentar algo propio, y en lo personal he incurrido en deudas pequeñas y grandes que han hecho posible este trabajo, publicado originalmente en México a partir de 1980, cuando Hilda O'Farrill de Compeán los editó en VOGUE. Tengo con ella una grata deuda permanente. Ella solía decir que el "nuevo" periodismo reemplazaría a la novela realista como forma usual de lectura popular, y hoy basta ver lo que ofrecen las librerías para afirmar que además se ha demostrado la cambiante relación que existe entre la concepción del escritor de su papel y la producción de arte en una sociedad masiva. Luego se me ha permitido que roce al menos amplios espectros que no excluyen las formas de lo imaginario. De gentes mágicas, esos modelos o arquetipos que están fuera del tiempo histórico, que se desenvuelven en esa época ancestral de los orígenes (antes del tiempo) cuando los dioses y héroes realizaban sus vidas fabulosas. Magos en ese tiempo pretérito indiferente cualquiera, sin dejar de ser el hoy mismo. Lo cierto es que el mito no privilegia el tiempo ni la historia, porque educa otra región del alma.

Al fin que ninguna ciencia prueba que no hay gentes mágicas. Y también el mito restaura en su medida cierto orden moral que aspira al simple equilibrio de la justicia, en un posible gobierno hombre adentro de fuerzas ocultas en nuestro corazón mismo. Entonces, lo natural sería afirmar que estas seis gentes aquí reunidas son mágicas porque han utilizado esas fuerzas ocultas, pero diremos que son mágicos porque supieron hacerse gentes comunes y corrientes, logrando así retar al diablo en el infierno, venciéndolo en su propio terreno.
Aunque de la primera a la edición definitiva de cualquier escrito existan modificaciones, la idea es mantener el hálito que insufló el corazón mismo que inspira este trabajo "Magos de América": María Sabina, Juan Rulfo y María Luisa Bombal. A estos dos últimos se refiere Gabriel García Márquez en una conversación que tuvimos con el autor colombiano en Ciudad de México, publicada en su momento en VOGUE:
Sobre García Márquez se ha escrito muchísimo y todo generalmente acertado. Acercarse a él es como acercarse a uno de sus personajes de Macondo: casi siempre de blanco, naturalmente sencillo. El autor de "Cien años de Soledad" es un hombre absolutamente cordial. Su modestia natural es lo primero que delata en él a un genio. Acercársele es de lo más sencillo. Vive desde hace décadas en la Ciudad de México y, que se sepa, jamás se ha negado a conversar con nadie. En lo personal, y sin premeditación alguna, he intercambiado diálogos fugaces con García Márquez en diversas oportunidades, en el Museo Carrillo Gil, en Bellas Artes, en la Sala Netzahualcóyotl...siempre se le ve igual, dispuesto al semejante, modestamente vestido, con saco oscuro o en camisa blanca de textura indígena: es posible que nunca se haya puesto una corbata con agrado. En verdad es muy sencillo este hombre que "podría ser el flamante Premio Nobel de este año", como dice el cable. Le he preguntado cómo se inició en la literatura y dijo:

-Una noche, a finales de los años cuarenta un amigo me prestó "La metamorfosis" de Kafka. Llegué a mi pensión y comencé a leer. Por poco el primer renglón no me hizo caer cama abajo: "Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto". No imaginaba que fuera lícito escribir así. Si lo hubiese sabido antes, me habría puesto antes a escribir también yo. Así, pues, comencé entonces a escribir, en 1947.

Suele decir García Márquez que otra impresión igual, decisiva en su vida, le ocurrió en México. Narra que alguien, un día, le dijo: "¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda!". Esa "vaina" era un libro de Juan Rulfo, el "Pedro Páramo":
-Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Desde la noche tremenda en que leí "La metamorfosis" en una lúgubre pensión de Bogotá, casi diez años antes, nunca había sufrido una conmoción semejante. Al día siguiente leí "El llano en llamas", y el asombro permaneció intacto. Mucho después, en la antesala de un consultorio, encontré una revista médica con otra obra maestra desbalagada: "La herencia de Matilde Arcángel". El resto de aquel año no pude leer a ningún autor fuera de Rulfo, porque todos me parecían menores...
Guadalupe "Pita" Amor, la gran estrella de las letras mexicanas, recuerda que le fue presentado el autor colombiano en algún restaurante de la zona rosa:
-Me dijo García Márquez que trabajaba en una agencia de publicidad. Yo arisqué la nariz y estuve a punto de retirarme. No lo hice porque alguien, de inmediato, me informó que el colombiano podía recitar de memoria párrafos completos del "Pedro Páramo". Entonces supe que era uno de los nuestros.

Para el inventor de Macondo, ese fabuloso lugar, la admiración por la obra literaria de Juan Rulfo va aún más lejos:
-En ese tiempo no sólo podía recitar párrafos completos del "Pedro Páramo", podía recitar el libro completo, al derecho y al revés, sin una falla apreciable, y podía decir en qué página de mi edición se encontraba cada episodio, y no había un sólo rasgo del carácter de un personaje que no conociera a fondo. La obra, sin duda, yo la conocía mejor que el propio autor. A Rulfo, por cierto, yo no lo conocía; lo vi en persona sólo varios años después. Ahora somos amigos.


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Entrevista de W.V.F. a Gabriel García Márquez, publicada en VOGUE, 1981.
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Recuerda cómo fue que, con el tiempo, y ya instalado en el D.F., sería guionista de varias de las películas que se han filmado inspiradas en la obra de Rulfo. De la última ("El gallo de oro"), dice:
-Carlos Velo me encomendó la adaptación para el cine de otro relato de Juan Rulfo que era el único que yo no conocía en aquel momento: "El gallo de oro". Eran 16 páginas muy apretadas en un papel de seda que estaba a punto de convertirse en polvo, y escritas con tres máquinas distintas. Aunque no me hubieran dicho de quién era, lo habría sabido de inmediato. El lenguaje no era tan minucioso como el del resto de la obra de Juan Rulfo, y había muy pocos recursos técnicos de los suyos, pero su ángel personal volaba por todo el ámbito de la escritura. Más tarde, el mismo Velo y Carlos Fuentes me invitaron a hacer una revisión crítica de la primera adaptación de "Pedro Páramo" para el cine. Menciono estos dos trabajos -cuyo resultado final estuvo muy lejos de ser bueno- porque ellos me obligaron a profundizar todavía más en el mundo de Rulfo. Carlos Velo había hecho algo sorprendente: había recortado los fragmentos temporales de "Pedro Páramo" y había vuelto a armar el drama en un orden cronológico riguroso. Como simple recurso de trabajo me pareció legítimo, aunque el resultado era un libro distinto: plano y descosido. Pero me fue útil para una comprensión mejor de la carpintería secreta de Rulfo, y muy revelador de su insólita sabiduría.

Es cierto que cuando a García Márquez se le pregunta su impresión sobre la influencia de Rulfo en su propia creación, suele responder que le es imposible referirse al inventor de Comala, ese fabuloso lugar, sin que parezca que se está refiriendo a sí mismo:
-El conocimiento de la obra de Juan Rulfo me dio el camino que buscaba para mis propios libros. Siempre vuelvo a releerlo completo, y siempre vuelvo a ser la víctima inocente del mismo asombro de la primera vez. No son mas de 300 páginas, pero son casi tantas y creo que tan perdurables como las que conocemos de Sófocles. Así es mi admiración por Rulfo...

Entonces, son Franz Kafka y Juan Rulfo dos incentivadores de la obra de García Márquez: también reconoce entre sus influencias a la escritora chilena María Luisa Bombal:
-No leí la obra de María Luisa Bombal sino mucho después. La encontré, precisamte, buscando las propias lecturas e influencias de Rulfo. Ella es la adelantada de lo que se ha dado en llamar "realismo mágico". Es fácil concluir que las mujeres que cruzan las páginas de "La amortajada" y "La última niebla", las obras capitales de Bombal, son mujeres únicas. Difícilmente un hombre puede escribir así. Por su parte, las lecturas de María Luisa Bombal son las mismas que alentaron a Juan Rulfo, en especial autores nórdicos: Knut Hamsum, Halldor K. Laxness...dramaturgos como Ibsen, o sea, grandes escritores como ellos mismos lo eran".



 
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Foto Superior:
Maria Luisa Bombal en 1936.
Arriba:
María Luisa Bombal y
Jorge Luis Borges en Chile, 1982.
Le he preguntado a Gabriel García Márquez, ¿qué es ser un escritor?. Dice:
-Es un mérito descomunal, porque yo soy muy bruto para escribir. He tenido que someterme a una disciplina atroz para terminar media página en ocho horas; peleo a trompadas con cada palabra y casi siempre es ella quien sale ganando. Cuando me hice escritor profesional, el más grave problema que debí enfrentar fue el de imponerme un horario. Estaba habituado al trabajo de periodista que me ocupaba sobre todo las noches. Me vi obligado a establecer una pauta de trabajo que iba de las nueve de la mañana a las dos de la tarde, cuando mis hijos volvían de la escuela. En ese tiempo tenía cuarenta años...Después me sentí culpable de escribir sólo por la mañana, intenté continuar por la tarde, pero caí en cuenta de que en la segunda parte del día nada me resultaba bien y debía rehacer todo a la mañana siguiente.
-¿A qué otras dificultades debe enfrentarse para salir adelante en su trabajo literario?
-Tengo otro problema: logro escribir sólo en un ambiente familiar que ya esté identificado con mi trabajo. Una pieza de hotel, una habitación puesta a mi disposición por otra persona, una máquina de escribir prestada, me bloquean, y esto es una lástima porque cuando viajo no puedo trabajar...Debo estar también en un estado de gracia, con el tema preciso y el tono exacto para desarrollarlo. Una de las primeras dificultades es la de escribir el primer párrafo. He llegado a pasar meses para "tomar la onda": apenas superado este escollo, el resto ha salido facilísimo. Creo que con el primer párrafo logrado se supera la mayor parte de los problemas que plantea escribir un libro; allí queda definido todo: el tema, el tono, el estilo...Por esto pienso que es más difícil escribir un libro de cuentos que una novela; en cada relato es necesario comenzar de nuevo, partir de nuevo, mientras que en la novela se parte una sola vez, hay un solo inmenso esfuerzo..."
Hasta los ocho años Gabriel García Márquez vive en la pequeña aldea de Aracataca, situada casi al pie de la Sierra de Santa Marta, en los Andes de Colombia, sobre la costa del mar Caribe. Allí todo es como antes y no tiene morada la nostalgia. Allí el tiempo vacaciona y en sus caminos se transita sobre tierra y esperanza. Es un lugar donde la realidad ha sido destruida por la magia y la gente ha aprendido a llorar con los ojos abiertos para no perder el paso ante el sueño, que se mete hasta en los huesos. En honor a aquellos pasos, y para reencontrarlos, el escritor nombrará_ al lugar "Macondo", pueblo hechizado en que transcurre la acción de la mayor parte de sus escritos y donde viven sus personajes tan soberbiamente logrados. Luego la familia de García Márquez se traslada a Zipaquirá: sencilla ciudad en el centro de Colombia. Allí cursa sus estudios elementales y medios, y adquiere un hábito maravilloso: la lectura. Recuerda:
-Por propia iniciativa comencé entonces a leer mucho, poesía y obras literarias en general, pero sobre todo poesía. Por eso creo que mi estructura cultural es esencialmente poética...Claro que tenía una buena base literaria, notablemente superior a la de mis compañeros...Hasta entonces la mayor parte de los libros que había leído eran muy académicos, obras aconsejadas por los profesores: los clásicos y los poetas de la edad de oro española...en Zipaquirá_ los únicos libros a que podía tener acceso eran los de la Biblioteca escolar...

Prosigue sus estudios en la Universidad de Bogotá, pero otras experiencias tienen mayor impacto en él que la vida académica: el tristemente célebre "Bogotazo" que culmina con la muerte del líder político Eliecer Gaitán, en 1948, es un hecho que le conmueve profundamente, y le insta -como hombre y escritor- a comprometerse con la realidad de los más desprotegidos. Interrumpe sus estudios universitarios y, mientras publicaba en "El Espectador" de Bogotá, se traslada al puerto de Barranquilla.
-Allí -nos dice- descubrí una vida que había sido mía, que conocía, de la cual quería escribir. Mis amigos de Barranquilla tenían muchas obras de autores contemporáneos que conseguía me prestaran. Desde entonces se produjo en mi vida una integración con lo que leía y lo que escribía.

Por esa época vuelve unos días a Aracataca y se emociona al ver que en quince años nada había cambiado en el lugar en que había transcurrido su infancia:
-No tuve la impresión de mirar la aldea...era como si la estuviera leyendo, como si todo lo que veía estuviese ya escrito y no debiese hacer otra cosa que sentarme y escribir lo que ya estaba ahí, lo que estaba leyendo...

José Arcadio Buendía; Úrsula; Pilar Terneros; Remedios "La bella"; Mauricio Babilonia; Melquiades...fue como si todos sus personajes esperasen por él. A su regreso escribe "La Hojarasca" y al poco tiempo es enviado como corresponsal periodístico a París. Recorre Europa y luego se establece en México, donde escribe su obra maestra: "Cien años de soledad", acertada conjunción entre lo que es y lo que no es, mito e historia. ¿Cómo entiende su "don" García Márquez? De hecho no lo ve diferente a la bendición que recibió el carpintero con su oficio:
-Escribir algo requiere tanto empeño como fabricar una mesa. El escritor trabaja sobre una realidad que es un material duro como la leña. Literatura y carpintería requieren una notable habilidad técnica y una buena dosis de secretos del oficio. Pero, sobre todo, en la base de ambas hay un trabajo esforzado.

¿A qué secretos del oficio se refiere García Márquez?
El mismo revela que, "si tu escribes que has visto volar un elefante, nadie lo creerá; pero si afirmas haber visto volar cuatrocientos veinticinco, es probable que el público lo crea." "Cien años de soledad" está llena de esos trucos..." Al final, ¿en qué consiste la inspiración para este flamante candidato al Premio Nobel de este año? Dice él: "Consiste en encontrar el tema preciso, un tema que agrade y que haga más llevadero el trabajo. También es fundamental en el novelista la intuición, un don especial que ayuda a descifrar la realidad sin que sea necesario tener una cultura científica o de otro orden. Es una especie de experiencia inventada, un modo de hacer experiencia sin afanarse a vivirla. Sustancialmente, es lo opuesto al intelectualismo, la cosa que más detesto, porque reduce la realidad a una teoría inmutable. La intuición se tiene o no se tiene, y por más esfuerzo que uno haga no puede cuadrar el círculo".
Cuando me han pedido en VOGUE escribir esta breve nota, osé llamar a García Márquez por teléfono y preguntarle sobre su postulación al Premio Nobel. El, gentilmente, dijo: "No soy dado a las abstracciones. Mejor hablemos de otra cosa" (ganó el Premio Nobel un año después).

El texto a propósito de María Luisa Bombal fue escrito para VOGUE, y publicado en abril de 1981, a manera de homenaje póstumo. Luego, en números sucesivos, publicamos cada uno de los cuentos que escribió ilustrados por notables artistas mexicanos: José Luis Cuevas, Max Clemente, Sergio Yazbek, Coco Rivello, Mariano Rivera Velázquez, José María Morelos, y Cecilia Sepúlveda.
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De Juan Rulfo, en cambio, no escribí sino diez años después de haberlo conocido: en Chile en 1972, cuando apenas intercambié dos palabras con él. Me atreví a publicar un acercamiento formal sólo cuando lo volví a encontrar en México, una década después, en casa de Nancy Cárdenas; conversando con él no pocas veces; desde entonces nunca dejé de escribir acerca de Rulfo notas de rigor, hechas de encuentros fortuítos y relectura de sus obras, hasta que se devolvió a la distancia. De estos textos aquí entrego un escrito unificado.
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Finalmente, de la humildad de María Sabina, de ella aprendí que si los hombres observamos cuidadosamente nuestra realidad, descubrimos que la realidad es fabulosa. De su sabiduría se ha escrito tanto, que sólo puedo decir que quien llegó a su presencia, necesariamente se hizo más silencioso. Y aquí guardo silencio.

Waldemar Verdugo Fuentes
Santiago de Chile, 2003,
primera edición en Internet.
waldemardante@yahoo.com


 
 
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